La falsa identidad de ser “el pueblo de Nicaragua”

Por: Edwin Sánchez
Thursday 15 de December 2016
 La falsa identidad de ser “el pueblo de Nicaragua”

I

Arengan lo que quieren y contra todo lo que les dé la gana, por radio, redes sociales, prensa plana y TV, para después denunciar “aquí se teme platicar de política; no hay libertad de expresión”. Cuando van a las calles a protestar, solo llegan unos cuantos y dicen “es el pueblo”. Se abren nuevos mall, se eleva la productividad agrícola que garantiza el Gallopinto Nacional 2017, ingresan más turistas que en 2015, y Nicaragua cierra el año como la tercera economía de la región con mayor crecimiento, pero aseguran “el país va mal”.

Así se afanó la extrema derecha en demoler la verdad durante el año 2016 para imponer, a como sea, su insidiosa agenda de Pensamiento Único. Quien no comulgue con el nefando propósito de uniformar el país con su discurso, está contra la Democracia y el Estado de Derecho.

¿Cuál es el asunto de fondo de esta desesperación? Precisamente la falta de pueblo, de liderazgo, de credibilidad.

Lo que no ocurrió en Managua el primero de diciembre, cuando la derecha conservadora juró que “el pueblo” marcharía, es el resumen anual de todo el arsenal de falacias que este magro sector de la oposición se cuidó de usar hasta el último cartucho de patrañas. Veamos.

Hay políticos que creen que por ser “líderes de mesa” son también “líderes de masas”. La última manifestación convocada para demostrarle al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, que “el pueblo” estaba en contra del Frente Sandinista y las elecciones recién pasadas, fue otra exhibición lamentable de la soledad conservadora que la vocería oficiosa de alguna corresponsalía extranjera trató de remendar.

¿Qué ganan con engañar a otras latitudes del mundo transmitiendo como hechos los delirios de la oposición? Doña Violeta Granera dijo: “Cada ciudadano presente en la manifestación representa miles de nicaragüenses en desacuerdo con el sistema y actual Gobierno del país”.

Cuando la congresista Ileana Ros-Lehtinen truena con su Nica Act, no es contra el Gobierno Sandinista, sino contra toda Nicaragua, porque “ignora” que más del 90% de la ciudadanía quiere vivir en paz, rehúsa la confrontación y anhela que el incremento sostenido de la economía no se paralice. Ella prefiere las mentiras de sus políticos nativos para justificar la agresión a un país soberano.

Los aliados locales de la dama la han “convencido” que ellos son “legiones” que “luchan por la libertad”. Pero la derecha extrema ni siquiera es capaz de organizar una legión que, en términos militares romanos, era integrada por 6 mil hombres. Tampoco es posible que la presencia de esta derecha pueda medirse en “miles”. Reportar centenas ya es un riesgo de faltar a la veracidad. Lo más sensato es hablar de un pueblo ausente.

II

Es imposible que una oposición precaria, fraccionada, pueda darse un baño de multitudes. La familia Chamorro a veces confiesa su frustración por los mediocres resultados de sus carísimos ungidos: “Cada vez salen más coaliciones y frentes nuevos, con nombres diferentes…”, aunque se le olvida recordar que con las caras de siempre.

Podemos reconocer a un partido auténtico cuando una nutrida masa poblacional confía en sus banderas: las muchedumbres son su formidable evidencia de representatividad.

Recurrir a las ficciones mediáticas para engañar congresistas y a la misma comunidad internacional es triste. Solamente el año que está por concluir estuvo “lleno” de estas “movilizaciones” hechizas que derivan no del carisma de los líderes derechistas sino de las habilidades técnicas de camarógrafos y fotógrafos. Ellos deben ingeniárselas para evitar los planos abiertos donde se asome la verdad detrás de las viscerales declaraciones de prensa y las abreviaturas de nombres rimbombantes.

Es claro, pues, que la extrema derecha en Nicaragua carece de la principal fuente de legitimidad en nuestra sociedad: el soberano. Ni siquiera cuentan con su “masa política”.

El expresidente de Ecuador, Rodrigo Borja, en su Enciclopedia, define por “masa política” a “la muchedumbre en la calle, el contacto magnético entre los cuerpos, la ‘electricidad’ que corre por ellos. Es la multitud con todo su poder y vitalidad, con sus reacciones lógicas y paralógicas, con sus fetichismos y veleidades, con toda su fuerza emocional para respaldar una idea o un líder —o para condenarlos— en el escenario de la vida democrática”.

¿De casualidad han visto algo así en las avenidas de la capital siguiendo a José Pallais?

Si se quiere demostrar que las siglas de partidos deshabitados son las “fuerzas vivas” de la nación, no hacía falta convocar “de todos los rincones de la patria”, al pueblo, porque, según sus organizadores, se les “bloquearía” el paso.

Puesto así, y debido a que Almagro se concentraría en Managua, lo razonable es que la autoproclamada “verdadera oposición”, que en todo el año no pasó del 3-4 % de intención de votos, moviera al pueblo de la capital.

La primera ciudad del país no es una rotonda con 500-600 personas: cuenta nada menos que con 2 millones 206 mil vivientes, más que suficiente para que desde Las Jagüitas hasta Las Américas 2, pasando por Villa Venezuela; desde Santa Rosa hasta Los Martínez, de San Judas a Acahualinca, salieran de mañanita “magnetizados” por Eliseo Núñez y Dora María Téllez.

Ningún barrio amaneció rodeado de tanques, soldados y antimotines. Los únicos lugares donde había garitas y agujas para controlar las entradas o salidas eran en los residenciales y repartos exclusivos.

Almagro, entonces, no se hubiera ido solo con quejas, lamentaciones y cartas al Niño Dios, sino impresionado de haber visto multitudes de carne y hueso, no de papel periódico.

Un medio detalló: “Al término de la movilización no se reportaron enfrentamientos. (Violeta) Granera al dirigirse a los manifestantes aseguró que estamos ‘levantando una lucha que nos une a todos’, pese a que de la actividad solo participaron entre 250 y 300 personas, entre políticos, jóvenes y líderes del norte, sur, occidente y oriente, según pronunció la ex aspirante a la vicepresidencia”.

El partido impreso había anunciado con bombos y platillos, como corolario de sus falsedades a lo largo de 2016: “Almagro será recibido con marcha nacional”.

El político liberal Francisco Aguirre Sacasa diagnosticó, cuatro días después de “la gran marcha”: “la oposición nicaragüense es débil y dividida y, por ende, inoperante”.