Manchester frente al mar

Agencias
Por: Agencias
Tuesday 24 de January 2017
Manchester frente al mar

Manchester frente al mar es una historia relativamente simple, pero que tiene mucho qué decir. Tanto, que sus 137 minutos –aunque podrían parecer excesivos a primera instancia– son apenas adecuados para expresar todos los temas que Kenneth Lonergan se dispuso a tocar.

La trama sigue a Lee Chandler (Casey Affleck), un intendente de limpieza que se demuestra en todo momento solitario, desganado y con una compulsión por el alcohol. Tiene su lado impetuoso y hasta violento, pero en ningún momento se percibe como una persona desagradable, se le ve, sobre todas las cosas: triste. Las razones de su tristeza y desesperanza las iremos conociendo conforme avanza la historia, mientras tanto, será suficiente decir que luego de una tragedia familiar, él se ha construido una vida de soledad y odio a sí mismo que lo han paralizado. Las tragedias en la película, como en la vida, supongo, no se tientan el corazón ("¿Qué relevancia tiene si lo mereces o no?", recuerdo al Will Munny de Clint Eastwood diciéndole a Bill Daggett justo antes de dispararle en Los imperdonables) y lo impensable vuelve a suceder: su hermano muere y es Lee quien deberá hacerse cargo de su sobrino adolescente. Difícil tarea la de cuidar de alguien más cuando uno no se puede cuidar ni a sí mismo.

En un fascinante entretejido de narrativas presentes y pasadas, Lonergan lo que va construyendo es, más que una historia con un claro principio, medio y final, una oda a los sentimientos, a la complejidad de la emoción humana que nos lleva del dolor y desesperanza profunda, a las lágrimas de risa y alegria. Y es que sí, aunque en su totalidad Manchester frente al mar es una película a todas luces sobre la tristeza, brilla también la habilidad del director y guionista –y elenco, claro– para inyectarle momentos de levedad y risas. Como la describió el crítico Matt Zoller Seitz, es "la película más chistosa sobre el dolor jamás hecha".

Todo esto dicho, pasemos entonces al "plato fuerte" de esta cinta y el elemento del cual todo aquel que la haya visto estará hablando: Casey Affleck. Sin duda, esta es –hasta ahora– su mejor actuación y la logra haciendo algo que, curiosamente, ya lo hemos visto hacer antes. Es el papel del inadaptado, el tipo que parece vivir en una realidad diferente a la de los demás y sin mucho interés en ajustarse a las reglas de una sociedad que le pide sólo una cosa: sé normal. Él, sin emabrgo, no es normal. O no se siente así. Y la puesta en escena de Lonergan nos deja ver esto, nos adentra en la psique de un hombre en la más terrible de las situaciones, una realidad donde la culpa le atormenta, donde el cambio (cualquier cambio) luce aterrador y uno que, en aquellos momentos fugaces de violencia parece gritarle al mundo que lo dejen en paz.

Al final, Manchester junto al mar no es una cinta fácil. Eso no la hace difícil, ni quiero decir que sea complicada de soportar, es difícil porque es dolorosa y la situación en la que Lonergan coloca a su Lee Chandler es imposible. Imposible de imaginar, imposible de sobrepasar.