Trasfondo espiritual Israel-Nicaragua

Por: Edwin Sánchez
Friday 31 de March 2017
Trasfondo espiritual Israel-Nicaragua

La academia no lo explica todo, menos la política, sin embargo, algunos son dados a reducir el mundo en el que viven en los cajones de sus propios presupuestos, y a veces, con notables prejuicios. La vida cuenta con algo más trascendental: el trasfondo espiritual.

El paso coincidente de los Estados de Israel y Nicaragua, dado para fortalecer las relaciones, marca un hito en la apertura de nuestro país con los pueblos de la Tierra y completa, a la vez, el Arco Iris con todos los colores del mapamundi.

Según el comunicado firmado con las banderas azules y blancas, hermosa predestinación, “los dos gobiernos atribuyen gran importancia la renovación de las relaciones con el fin de promover actividad conjunta para el bienestar de los dos pueblos, y contribuir a la lucha por la paz en el mundo”.

Para una buena parte de nicaragüenses cristianos, este reencuentro con el país de los patriarcas bíblicos cuenta con muchos significados. La oración colectiva dio sus frutos. La mano del Poderoso de Israel se mueve sobre Nicaragua. El presidente Daniel Ortega y la Vicepresidenta, Rosario Murillo, han actuado en correspondencia con un sentir nacional, siendo ellos mismos miembros de la comunidad de fe.

Nicaragua es de las primeras naciones que reconoció al Estado de Israel, cuando recuperó parte de lo que por derecho le corresponde, el 14 de mayo de 1948. La Biblia y la historia respaldan su arraigo desde los días de Josué. Pero aquí debemos marcar un asterisco (*), para poder sopesar la trascendencia de la actual concordia binacional.

La Palabra de Dios no puede ser revocada por nadie. Sus bendiciones son verificables, igual que las leyes naturales, como la salida del Sol para buenos y malos, ateos y creyentes.

1948

La historia relata que en 1948, Anastasio Somoza García es “el hombre fuerte”, impuesto por Estados Unidos. El presidente de la Unión Americana es Harry S. Truman. Es obvio que la dictadura militar de derecha, representada por Somoza, no firmó el respaldo a la creación del Estado de Israel el 14 de mayo como un acto soberano. Lo hizo desde un “traspatio”, no desde una República.

A pesar de que Somoza estaba gobernando Nicaragua, al apoyar la fundación de Israel el país recibió aquella promesa de “Bendeciré a los que te bendijeren”, similar a la lluvia que cae sobre falsos y verdaderos, calculadores y sinceros.

En los años 50 y parte de los 60, del siglo XX, la economía se volvió tan solvente que una de esas expresiones muy sentidas se manifestó con nuestra pasión nacional: el béisbol. Se inauguró la Liga Profesional con verdaderos trabucos: el León, el Bóer, el San Fernando, el 5 Estrellas y el GMC.

Era muy común ver en Masaya, León, Granada y Managua a peloteros que formaban parte de los equipos de Grandes Ligas, prospectos y toleteros ya probados.

Sin recursos, el país no hubiera podido soportar el caro espectáculo de ser casi una antesala del mejor béisbol del mundo.

Venían trabajadores de los países centroamericanos para las temporadas agrícolas. Nicaragua era conocida como “El granero de Centroamérica”.

Pero los administradores de estas bendiciones le fallaron al Eterno con sus maldades. Y ya sabemos cómo terminaron los que estorbaron el Shalom de Dios a Nicaragua.

Atribuirles esa prosperidad a los Somoza es un error mayúsculo. Creer que fue por un “zar de la economía”, es soberbia humana. Eran las bendiciones ofrecidas por el Dios de las Naciones a los que bendijeran al pueblo de Abraham, Isaac y Jacob, aun en las circunstancias en que le tocó vivir a Nicaragua bajo la tiranía somocista.

Cuando el Frente Sandinista asume el poder en 1979, la Dirección Nacional en la que estaban Luis Carrión, Henry Ruiz, Humberto Ortega entre otros y la Junta de Gobierno integrada por Violeta Chamorro, Daniel Ortega, Sergio Ramírez, Moisés Hassan, Alfonso Robelo, concuerdan la ruptura con Israel. Se cumplía con un artículo de fe del izquierdismo del siglo XX.

A la vez, la visita del líder árabe Yasser Arafat a Managua, selló con abrazos los lazos únicos con el Oriente Medio a través de Palestina. Luego vino la guerra, el bloqueo económico. La Revolución, contrario a otras experiencias en el mundo, solo duró diez años.

Con el ascenso de un gobierno derechista en los 90, se abrió una embajada en Tel Aviv. En 2010, ese acercamiento con Tierra Santa fue suspendido por el Gobierno Sandinista. Quizás debió ser así, para contar con un verdadero Génesis nicaragüense. Hay que señalar que el FSLN, partido de izquierda, “heredó” de otros gobiernos de derecha, esas relaciones con Israel.

Veamos el asterisco. El acuerdo entre los dos Estados, suscrito el 28 de marzo de 2017, es una decisión nacional. Por primera vez en la historia la cercanía con Israel es auténtica, madura y soberana. No obedece a que Nicaragua está debidamente alineada con determinada potencia mundial. Además, los dogmas son inútiles a la hora de construir un mejor un país.

Lo espiritual

En Deuteronomio 28, la Palabra asegura que si Israel guarda sus mandamientos, en la Tierra sería cabeza y no cola. Un autor admite estas evidencias, pero no confiesa que Dios esté en el asunto. Su nivel académico le hace fabricar “otra” explicación, lamentable por cierto.

El catedrático de Harvard, Niall Ferguson, considerado por la revista Time una de las cien personas más influyentes del planeta, comprobó la huella dejada por los hebreos en el mundo:

“El papel de los judíos en la vida intelectual de Occidente en el transcurso del siglo XX –sobre todo en Estados Unidos– fue de hecho desproporcionadamente elevado, lo que sugiere una ventaja genética además de cultural. Pese a representar únicamente alrededor del 0,2% de la población del mundo y el 2% de los Estados Unidos, los judíos ganaron el 22% de todos los premios Nobel, el 20% de las medallas Fields para matemáticos y el 67 % de las medallas John Clarke Bates para economistas menores de cuarenta años. Los judíos también ganaron el 38 % de los Oscars al mejor director, el 20% de los premios Pulitzer de no ficción y el 13% de los premios Grammy a la labor de toda una vida (Civilización, Occidente y el resto. p316).

No se trata de “ventaja genética”: es el favor espiritual de Dios a su pueblo, que produce realidades. Bendiciones que también alcanzan a los que aceptan a Jesús…