¿Cuál es la ganancia de matar la reputación de Nicaragua?

Por: Edwin Sánchez
Tuesday 25 de April 2017
¿Cuál es la ganancia de matar la reputación de Nicaragua?

Cuando en un “informativo” digital alguien lee “la siempre convulsa Nicaragua”, es forzado a imaginar un país con levantamientos, choques violentos, multitudes enfrentadas en las ciudades contra la policía, la vida nacional trastocada, el aparato productivo por la borda, etc.

Aclaremos. La distancia entre el seudoperiodismo y el periodismo es la misma que separa la cizaña del trigo y la que media entre la mentira y la veracidad. Para quienes egresaron de la universidad, decirlo está de más. El problema es cuando cierta prensa acaba como un despiadado negocio de los propietarios del medio y tribuna de la politiquería.

Tal clase de híbrido nunca concebirá la idea de someterse a la verdad. Lo que genera son utilidades, bajezas e intrigas, con el agravante de tomar como rehén permanente la libertad de expresión.

El periodismo auténtico no nació para darle rienda suelta a las filias y las fobias de los dueños de la prensa en cualquiera de sus formatos. Sería una aberración de la noble profesión.

Hoy ese tipo de “periodismo” refleja a un grupo que integra la desolada derecha macartista. Lo que “ve”, “oye” y “redacta”, no proviene de lo acaecido, sino de una calculada agenda politiquera. Su misión es publicar cualquier falsedad, como la que resume esta maldad: “la situación socio-política de la siempre convulsa Nicaragua”.

La Real Academia define así Convulsión: “f. Agitación violenta de agrupaciones políticas o sociales, que trastorna la normalidad de la vida colectiva”.

Es obvio que hay una intención de provocar más que un serio daño a la imagen de Nicaragua, el asesinato de su reputación (character assassination en inglés). Wikipedia precisa que este “es un proceso deliberado y sostenido dirigido a destruir la credibilidad y reputación de una persona, institución, grupo social o nación.

“Los promotores del asesinato de reputaciones para lograr sus fines emplean una combinación de métodos abiertos y encubiertos como son la formulación de acusaciones falsas, fomento de rumores y la manipulación de informaciones”.

Para que el seudoperiodismo contenga algún viso de efectividad, la hiperderecha debe prefabricar escenarios. Mover fichas. Recurrir a ciertos operadores que hacen política, dizque “no partidaria”, en alguna oenegé. Extender el tablero. Desplegar la tramoya en diversos puntos que sugiera “algo” dramático para el consumo mediático.

Si no hay “convulsiones”, hay que redactarlas. Por eso, como me decía un pastor, “de un pelo hacen una peluca”. De cualquier cosa se valen para causar un efecto escénico, el cual debe magnificarse como si se tratase de un acontecimiento nacional.

Sin embargo, es innegable que existe una Nicaragua real que en nada se parece a la exportada por algunos medios de prensa, dependientes de la oposición extremista.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), adelantaron, para este año, un crecimiento del 4.5%, y del 4.3% en 2018. En cambio, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), al evaluar el buen desempeño de Nicaragua, proyectó un 4.6%.

Camino correcto

La Nicaragua real es la que describe el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri: los informes constatan “el crecimiento del sector empresarial, y la inversión nacional y extranjera en el país”.

Aguerri comparó: “Cuando vemos las cifras de los últimos seis años vemos que el país está creciendo por arriba del 4%. La región latinoamericana ha crecido en 1.8 % en seis años y Nicaragua 5.08% en los mismos años”.

¿Cómo se explica que la “siempre convulsionada Nicaragua” esté en el club de las tres primeras economías de mayor crecimiento sostenido en el subhemisferio?

“Estamos en el camino correcto y tenemos que seguir promoviendo acciones que den este resultado”, aseguró Aguerri.

Los que maldicen a la nación detestan escuchar que la bendigan, es decir, que bien digan la realidad.
Aunque se declaran adalides de la libertad de pensamiento y de expresión, para esta derecha es insoportable que líderes de cámaras piensen y se expresen de manera diferente.

No toleran que dialoguen con el gobierno en vez de preferir el monólogo ultraconservador. Que acudan a los datos, en vez de sus editoriales; a los números, no al discurso hepático; a los hechos, no a las obsesiones de politiqueros decadentes. Por eso se enfilan a matar la reputación de los empresarios junto con todo el país.

La Nicaragua real son los casi tres millones de veraneantes –la mitad de la población– que se hicieron presentes en los 612 Centros Vacacionales de todo el país, durante la Semana Santa, de acuerdo al registro proporcionado por fuentes policiales y del sector turístico. En un país “convulsionado”, salir es peligroso. 
Muy lejos de andar en alborotos y rumores de guerra, odiando y dándose en rencores, parte del pueblo de Nicaragua desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, participó en 4 mil 572 actividades religiosas entre Procesiones y Vigilias.

La paz se verificó, además, en la actividad económica durante el periodo mencionado. La gente no buscó llantas para quemarlas en protestas ni levantar barricadas contra nadie: compró piscinas inflables, electrodomésticos, abanicos y ropa de verano.

Las ventas dejaron unos 200 millones de dólares, un 7.6 % más que las cifras logradas en la temporada de 2016, detalló el Presidente de la Cámara de Comercio y Servicios de Nicaragua, Rosendo Mayorga.

La Nicaragua real es la que también confiesa, en El Nuevo Diario, Sergio Sáenz, gerente regional de CSI Leasing en Centroamérica y el Caribe, empresa arrendadora de activos tecnológicos: Nicaragua es un país con gran potencial y con un mercado pujante…, sumado a una economía que crece cada año con el impulso de la inversión extranjera.

Entonces, ¿qué se gana con matar la reputación de Nicaragua?

Informar es diferente. El seudoperiodismo está en la antípoda de lo que Gabriel García Márquez conceptuó del reportaje en particular, extensivo al periodismo en general: “Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos”.

Deformar es otra cosa. Bien se ve que la hiperderecha y su peón mediático se esmeran en la reconstrucción tendenciosa de un evento y, en vez de informar realidades a la audiencia, usurpan con sus patrañas “el lugar de los hechos”.

Para darnos una idea hasta dónde llega este magisterio de la infamia, el escritor Mario Vargas Llosa, a quien nadie lo puede tildar de “izquierdista”, no tuvo más remedio que alertar a los lectores:

“Todo el mundo reconoce la importancia central que tiene la prensa en una sociedad democrática, pero probablemente muy poca gente advierte que la objetividad informativa sólo existe en contadas ocasiones y que, la mayor parte de las veces, la información está lastrada de subjetivismo pues las convicciones políticas, religiosas, culturales, étnicas, etcétera, de los informadores suelen deformar sutilmente los hechos que describen hasta sumir al lector en una gran confusión, al extremo de que a veces parecería que noticiarios y periódicos han pasado a ser, también, como las novelas y los cuentos, expresiones de la ficción”.