Jóvenes brindan amor a adultos mayores y niños con capacidades diferentes

Por: Lesbia Umaña
Wednesday 14 de February 2018
Jóvenes brindan amor a adultos mayores y niños con capacidades diferentes

“En todo, amar y servir”, es el lema ignaciano que define la educación jesuita basada en formar personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas. En ese sentido, hace 23 años la Universidad Centroamericana (UCA) creó el Voluntariado Social, el cual es integrado por jóvenes universitarios que dedican parte de su tiempo a la acción solidaria.

Desde el Voluntariado se promueven valores como la solidaridad, el compañerismo, sencillez, respeto, generosidad, humildad y se fomenta una formación integral con humanismo y sensibilidad para con los más vulnerables.

Este año han iniciado con 23 voluntarios, quienes visitan cada uno de los proyectos, como el Hogar de Ancianos San Pedro Claver y el Hogar Pajarito Azul, en donde pasan una tarde amena con una diversidad de actividades que previamente planifican para compartir con los internos.

Moisés López, coordinador del Voluntariado, manifestó que con este programa se trata de crear un espacio para que el estudiante pueda desarrollar siempre ese sentimiento de solidaridad, de acompañamiento y de conocer esas otras realidades y compartirlas con las personas.

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Es para que los muchachos conozcan esas otras realidades y una vez que tengan su profesión sepan que hay sectores que están necesitando y desde donde estamos podemos colaborar con las personas, compartir y darle un buen trato”, aseguró López.

Interacción con personas de la tercera edad

Las visitas al Hogar de Ancianos se hacen todos los miércoles de 8 a 11 de la mañana. Esta es una experiencia muy enriquecedora para los jóvenes porque pueden conocer y hacer muchas preguntas a los adultos mayores, quienes poseen toda una vida de vivencias.

Es un espacio que permite a los jóvenes compartir muchas historias y/o anécdotas de vida que acumulan los abuelos y abuelas, e igual se crea el nexo de que ellos quieren conocer y oír al joven.

“Cuando hay esa interacción, es muy interesante porque el joven quiere conocer de costumbres, formas de vida de antes y la cotidianeidad, cómo era la familia, las buenas relaciones, todos esos conocimientos que los adultos tienen”, refirió el Coordinador del Voluntariado.

Asimismo, planifican actividades como días de cuentos, para lo cual los jóvenes llevan libros que leen a los adultos mayores, también hacen sesión de belleza, organizan bailes creando parejas con los internos, o bien un momento de conversación, porque hay veces que ellos solo requieren de platicar.

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Actualmente en el Hogar San Pedro Claver hay alrededor de 60 personas de la tercera edad. Aquí la actividad de fin de cuatrimestre consiste en hacerles piñatas, darles regalos y llevarles música para animar el momento, fortaleciendo los lazos de amistad y cariño.

Visita a niños con capacidades diferentes

En el caso de las visitas al Hogar Pajarito Azul, éstas se hacen todas las tardes de los lunes. Los jóvenes llegan al centro donde pueden cargar en sus brazos a los pacientes con parálisis cerebral de la sección Ositos, y también hablarles haciéndole saber que están visitándoles. A la vez el joven puede integrarse en la atención de los pacientes como un asistente o colaborador.

Además, pueden compartir con algunos, ya sea bailando, cantando, dinámicas en grupo o jugando con el fin de tener una tarde llena de alegría, o bien coordinar una tarde de belleza para las mujeres, contarles cuentos o armar rompecabezas.

Pajarito Azul alberga alrededor de 86 internos entre niños y adolescentes con capacidades diferentes, con quienes también al final del cuatrimestre organizan una actividad final.

La directora del Hogar Sandra Aguirre, expresó que la labor que hace la UCA con el Voluntariado es un paso muy importante de la institución, ya que “la apertura para inculcarle a los estudiantes una sensibilidad y que le dieran el valor a los derechos que tiene las personas con discapacidad es de gran relevancia”.

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Otra forma de amar

“Nosotros promovemos ese tipo de amor, que no es erótico, sino que es un amor de respeto, de saber escuchar a la persona, de respetar su estado y que brindamos ese cariño hacia la persona, el adulto mayor o el niño”,manifestó López.

De tal manera que no se limitan al amor promovido solo de un mes o un día, sino que va más allá, compartiendo cada semana y dando amor, desde esa otra forma de amar a otras personas.

Con esto, desde la UCA “queremos una formación no solo académica sino humano-espiritual porque en nuestros voluntarios damos esa mística que un joven debe tener al salir como profesional”, agregó.

“Esta forma de amar que realizar el Voluntariado es muy importante porque lo fomenta todo el año y la verdad que no se debe dar amor solo en estas fechas, sino que en los 365 días”, añadió Aguirre.

Experiencias de vida

Para los jóvenes que integran el Voluntariado el compartir con niños y adultos mayores es una gran lección de vida que les deja mucho en aprendizaje, sobre todo de las diferentes realidades que se viven y que, con un poco de tiempo que se regale se puede hacer feliz a un ser humano.

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José Sebastián Salinas lleva dos años de pertenecer al Voluntariado y en todo este tiempo su participación le ha permitido vivir y compartir momentos increíbles.

“Para mí es una labor hermosa y sé que estoy haciendo algo muy bueno por la comunidad, no porque sea un compromiso, sino porque nace de mí ese amor por ayudar y compartir con los niños“, expresó Salinas.

A la vez compartió que el amor no solo tiene que ser en pareja, sino debe ser una entrega al servicio de brindar apoyo y llevarle alegría a las otras personas, “es demostrar el amor que uno tiene por uno mismo y su comunidad”.

Para Wálmaro Pavón, se vive una perspectiva diferente a la que se conoce en la universidad o el lugar donde se vive, “es llegar a dar el pequeño cariño que tengo o lo poco y mucho que tengo, sirviendo y eso me llena de satisfacción”

Igualmente mencionó que se fomenta el liderazgo ignaciano donde se les enseña e inculca valores, así como el respeto a las personas que les rodean.

Alejandra Gutiérrez, es otra de las Voluntarias y manifestó que, a solo un año de pertenecer al grupo, ha aprendido que con pequeñas acciones se puede hacer feliz a muchos.

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“Llegar y darle 20 minutos a un niño que te lo agradece con una sonrisa, para mí no hay satisfacción más grande que verle esa sonrisa en su carita y verlo feliz”, dijo Gutiérrez.

Como joven envió un mensaje a los de su misma edad a que no se centren en preocuparse en encontrar la persona que los ame, sino que empiecen a dar amor a los demás y amarse a sí mismos.

“No hay mejor manera que dar amor, que hacer felices a niños y ancianos con un poquito de tu tiempo, a esas personas más susceptibles y vulnerables. Porque el amor va más allá de las relaciones de noviazgos o maritales”, apuntó Alejandra.

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